Las relaciones entre los seres humanos son difíciles por naturaleza, pero hay relaciones que si bien no son estrictamente de este tipo, pueden ser igual de inquietantes. Por ejemplo, la de nosotras, las mujeres y el pelo. Cortes, tinturas, mechas, cremas, masajes, decoloraciones. Hay de todo para rabiar sin límites.
Soy de la convicción de que el pelo revela algún dato psicológico del momento actual en que estamos. No es una regla estricta pero muchas veces ocurre. Es más, según mi abuela cuando alguien cambia mucho de corte o color es porque “no está feliz en el amor”. Siempre lo relaciona con el amor, pero yo no lo creo tan así. Si consideramos que ella misma ha pasado por todos los looks imaginables en los últimos 20 años y sigue con mi abuelastro… no debe ser tan así.
Creo que el cambio tiene más que ver con nosotras mismas, con cómo nos sentimos ahora ya, con cómo me quiero ver/ mostrar al resto. Una cuota tenemos que dejársela a la moda y las tendencias, pero sabemos que no todos los looks le quedan bien a todas, por lo que no decidimos cambiar de un día para otro. No es como que veamos a Natalie Portman en la tele y decidimos cortarnos el pelo así (ella se ve bien hasta rapada para V For Vendetta). Es decir, a pesar de la moda, no decidimos cambiar de apariencia “porque sí”. Yo cuando ando “tranquilita” me voy tiñendo el pelo siempre del mismo color, meses y meses y cuando me cabreo por algo, me pongo a jugar con los tonos.
He llegado a pensar que el pelo tiene una conexión directa con el cerebro, la cual va más allá de compartir la misma zona del cuerpo. Estos son mis datos
- A juzgar por el lenguaje corporal y nuestro nivel de comodidad con el entorno, siempre nos tocamos el pelo. Pasamos la mano, lo enrollamos, nos hacemos una colita, etc.
- Cuando andamos “de buena” nos preocupamos mucho de el. Yo al menos me levanto tempranito para alcanzar a secarlo, peinarlo y que quede perfecto. Cuando ando insoportable, me lo lavo, lo seco en dos pasadas y salgo corriendo de la casa, para luego esconderlo a base de colets y otros.
- Conocida es ya la historia de Britney Spears rapada. Algunos dicen que fue para poder pasar el examen de drogas que se hace a través del pelo y otros que fue pura locura. Yo creo que necesitaba cortar la mata de pelo para eliminar sus malas vibras.
- ¿Conocen la frase “tener un mal día de pelo”? A que no se tiene ese día cuando andamos felices y radiantes, piénsenlo.
Las tinturas, por otro lado son como la virginidad: la cuidas demasiado, pero una vez que ya la perdiste, no hay vuelta atrás así que… ¡qué más da!. Si ya te teñiste una vez, lo sigues haciendo hasta la eternidad, a no ser que pases meses sin hacerlo y soportando colores mezclados que no se ven muy elegantes. Y dicho sea de paso, no conozco a ninguna mujer mayor de 18 años que tenga el pelo virgen aún, ehem.
Mientras pensaba en todo esto, tiré la pregunta en Twitter, a ver si a alguien más le pasaba y ¡sorpresa! A Beatriz, con quien nos seguimos por ahí, le pasó algo que apoyaba mi idea. “Es el cambio más radical que podemos hacer con nuestra apariencia. Yo por ejemplo, lo corté y todavía me arrepiento. Para mí fue comenzar una nueva etapa (estaba recién casada), pero con el tiempo, comencé a extrañar mi pelo de rapunzel, por eso decidí dejarlo crecer de nuevo y hacer mi blog para registrar el progreso”. Un buen ejemplo “terapia psicológica natural”.
¿Qué creen ustedes?
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