
Hace unos días, mientras conversaba con un entrevistado, me puse a pensar en cuándo fue la vez en que me di cuenta que internet de verdad era la “gran cosa”. Pasó porque él me contó la anécdota de cuando iba en el colegio y le tocó hacer una tarea sobre el Universo. Decidió enviarle un mail a la NASA y luego de un tiempo, lo ayudaron enviándole un modelo “escolar” gigante de un transbordador.
Les cuento sin miedo al ridículo que cuando tenía 9 años me conecté por primera vez a internet no sin antes llamar por teléfono al servicio técnico para preguntarles qué era y cómo sabía cuál era el módem. No recurrí a mis papás porque mi papá, quien era el que podía saber, estaba en el trabajo y mi mamá probablamente terminaría diciendo que llamara a atención al cliente. Además, me estaba conectando escondida.
Luego de largas conversaciones con los del servicio técnico y un par de CDs de autoconexión, pude entrar (¡al fin!) a internet. Y me cambió la vida y todas esas cosas cliché que se dicen. No podía conectarme siempre, pero cada vez que lo hacía, quedaba motivada al punto de estar aburrida en clases y anotar en una agenda todas las cosas que iba a buscar cuando volviera a entrar.
Varios años después, luego de toda la etapa de meterme escondida a salas de chats, mentir sobre mi edad y buscar el color favorito de Nick Carter, empecé a darle un uso distinto. Ya estaba en primero medio y tenía la idea de hacer un fanzine. Nadie me apoyaba mucho asi que decidí hacerlo sola. Necesitaba unos textos, seguir más o menos la estructura de los fanzines convencionales y una entrevista. Los temas eran variados, desde pensamientos sueltos hasta música (punk-rock, hardcore y post-hardcore). Estaba esta banda que me encantaba (me encanta) y recién venía conociendo, Fugazi. Me metí a la página y les mandé un mail del tipo: “Hola, soy de Chile, estoy armando un fanzine y me gustaría enviarles unas preguntas”
Nunca en la vida pensé que me iban a responder, pero lo hicieron. Era Guy Picciotto (guitarrista y segundo vocalista) “disculpándose” por responder tan tarde. El corazón me dio un vuelco y no respondí hasta haber leído mucho sobre ellos para hacer preguntas más o menos inteligentes. Mientras más leía, más miedo me daba enviárselas. ¡Era Fugazi! O sea, todos sus miembros fueron importantísimos para el hardcore a nivel mundial; hasta Kurt Cobain los escuchó. Al final las mandé, se demoraron otro buen rato en responderlas y yo quedé en éxtasis. Saqué el fanzine y años después seguía reproduciendo la entrevista donde pudiera, se la mandaba a todos, era como mi pequeña batalla ganada (lo es).
Con esa entrevista en modo soy-tu-fan-believer me di cuenta de lo “grande” que puede llegar a ser internet. Porque lejos de los pronósticos apocalípticos y análisis de medios de comunicación, lo rico de internet es que te puede llegar a emocionar con cosas muy pequeñas, como un reply en Twitter de alguien que admiras en la tele. O te “acerca” aunque sea virtualmente a gente que nunca pensaste (ay sí, lloremos todos y tomémonos de las manos). Pero aunque suene cursi, es cierto, díganme que no.
Y tú, ¿cómo te diste cuenta de las mil cosas que podías hacer sólo con una conexión a internet?
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