Kissmymovies: Ruby Sparks y el fin de la Manic Pixie Dream Girl

Por Álvaro Díaz (colaborador invitado)

Ruby Sparks comienza con un sueño. Un espejismo. Así que podríamos perfectamente confundir esta historia con otra de esas tantas donde los sueños se convierten en realidad pero este no es el caso.

Calvin Weir-Fields (Paul Dano) es un novelista prodigio, que tuvo la mala fortuna de escribir una de las grandes novelas de todos los tiempos cuando aún era un adolescente. Para el décimo aniversario de su genial libro ha sido catalogado como “el nuevo J.D. Salinger” y sus fanáticos esperan con ansias su siguiente entrega. Esa misma ansiedad se ve manifestada en Calvin de forma mucho peor: la temida hoja en blanco.

Todos quienes hayamos escrito nos hemos encontrado alguna vez en dicha situación. Por lo mismo, tenemos en claro que la única solución al problema es obvia: comenzar a escribir sin importar cuán atroz sea el resultado. El psiquiatra de Calvin le propone exactamente eso, dando como resultado páginas y más páginas sobre aquella musa inspiradora que lo acecha desde el subconsciente: Ruby Sparks. Lo bizarro es que su creación se manifiesta de forma física un día cualquiera y sin explicación alguna.

El mérito de esta película dirigida Valerie Faris y Jonathan Dayton -quienes ya tienen a su haber la galardonada Little Miss Sunshine- es que no pierden tiempo tratando de dar una explicación al fenómeno. Como en las buenas películas de George Romero, donde los muertos simplemente se levantan por la simple razón de que “ya no hay lugar en el infierno”, la existencia de esta novia materializada en nuestro mundo se debe simplemente a un acto de voluntad producto de una imaginación desbocada. La comparación con Romero es bastante adecuada porque así como vida y muerte van de la mano, sueños y pesadillas también. Y Ruby, eventualmente, resulta ser ambas cosas.

Calvin es un joven neurótico y controlador, cuyo poder de creación causa efectos tragicómicos. A medida que pasa el tiempo y la relación entre Calvin y Ruby evoluciona, la balanza comienza a inclinarse cada vez más hacia la tragedia. Y se vislumbra desde el momento en que comienza a retocar cada vez más en su “obra” una verdad universal: los hombres no entienden a las mujeres.

El guion de Ruby Sparks es una certera bofetada a aquel arquetipo femenino bautizado por el crítico Nathan Rabin como la Manic Pixie Dream Girl (MPDG): “Esa burbujeante y vacía criatura cinematográfica que existe solo en la ferviente imaginación de sensibles escritores-directores para enseñar a hombres jóvenes como abrazar la vida y sus infinitos misterios”.

Es como Aquella Kirsten Dunst enseñándole a Orlando Bloom que la vida continúa después del mayor fracaso de tu vida o una Natalie Portman demostrándole a Zach Braff que nunca es muy tarde para comenzar a vivir. O Zooey Deschanel en… el mero hecho de existir (vamos, si a estas alturas ya estamos al tanto de que Zooey es un personaje renderizado por computadoras en los estudios de Weta e interpretado por Andy Serkis. Los hombres no somos TAN idiotas).

“¡Esas chicas estrafalarias y desordenadas cuyos problemas las vuelven atractivas no son reales!”, reza una frase de la película. La meta-broma escondida detrás de esa sentencia es que Ruby no sólo es interpretada por Zoe Kazan, sino que además ella es la guionista. Si el apellido les suena por algo, es que Zoe es la nieta del ya difunto y legendario director Elia Kazan. Y aparentemente heredó esa misma capacidad de escudriñar la debilidad del alma humana que tenía su abuelo.

Ruby Sparks es la contraparte femenina al problema de la MPDG y la misoginia que esconde detrás, perpetuado por una fantasía masculina de reducir a la mujer a un mero ideal de persona. Ya era hora de que alguna mujer tomara riendas en el asunto.

Artículos Relacionados

One Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.